07 diciembre 2015

Los cuatro rostros de la Navidad



CUATRO ROSTROS DE LAS NAVIDADES
Probablemente, Navidad nunca fue una fiesta entendida por todos del mismo modo. Hoy, al menos, aparece con múltiples rostros. Hay una Navidad monacal, en latín y canto gregoriano, tan antigua como los monasterios, escondida en abadías recónditas; una Navidad parroquial, con misa del gallo, coros y belén, en declive de fieles y auge celebrativo; una Navidad de coros y scholas que cantan villancicos en iglesias y colegios; una Navidad de cantatas y oratorios de música clásica para los melómanos de los conciertos; una Navidad de vacaciones escolares con incesantes películas de dibujos animados, y una Navidad de tiendas y almacenes y de plazas con tenderetes navideños que invitan al consumo y al derroche. Según se entienda y viva el hecho navideño puede hablarse, al menos, de cuatro navidades: la comercial, la familiar, la popular y la cristiana.
La Navidad comercial
A la luz del calendario comercial, Navidad es una ocasión extraordinaria de los tenderos para multiplicar las ventas de toda clase de productos. Se advierte su proximidad por la decoración e iluminación de calles y plazas, fachadas y escaparates, con miles de bombillas, a cargo de los ayuntamientos. Semanas antes del día de Navidad, a saber, desde el 1 de diciembre al menos, el comercio despliega una actividad febril. Los grandes almacenes y tiendas modestas aprovechan esos días para vender productos típicos de estas fiestas: cordero y besugo, turrones y mazapán, champán y vino dulce, cava y sidra, guirnaldas con bolas de colores y cintas de adorno, portales y figuras del belén, corcho y musgo, árboles de navidad, juguetes y regalos de todo tipo.
Navidad da lugar a ventas abrumadoras, felicitaciones con tarjetas apropiadas, intercambio de regalos, programas televisivos especiales, discursos de los mandatarios, salas de fiestas y comidas suculentas. Con razón puede decirse que uno de los protagonistas más destacados de la Navidad es hoy el consumo, polo opuesto a lo que es estrictamente la Navidad cristiana. Contrasta el nacimiento pobre de Jesús con el comercio navideño que nos invita al derroche. La Navidad primera fue solidaria, oculta, liberadora. La Navidad actual engendra consumismo, emulación y gastos desmedidos.