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18 mayo 2017

Comentario Domingo VI de Pascua

Jn 14, 15-21
«15Si me amáis, guardaréis mis mandamientos;
16y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, 17el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros y estará en vosotros.
18No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros. 19Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros sí me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis. 20Aquel día vosotros comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros.
21El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él».
¡PALABRA DEL SEÑOR!
 


CONTEXTO
Seguimos en el escenario en el que Jesús ha celebrado la última cena con sus discípulos, lugar de su revelación, de su gloria, de su enseñanza y de su amor. Después de Jn 13,1- 30, que relata los gestos, las palabras, los sentimientos de Jesús y de los suyos durante la cena pascual, con 13,31 entramos en las palabras del último gran discurso de Jesús, que terminará con la oración sacerdotal del capítulo 17. Estamos, pues, en los comienzos: en 14,1-14 Jesús se había presentado, ofreciéndose como camino al Padre; ahora, en el texto de hoy, Jesús introduce la promesa del envío del Espíritu Santo, como Consolador, como presencia cierta, pero también la promesa de su venida en lo íntimo de los discípulos. La oposición presente en nuestro texto entre el grupo de discípulos y el mundo será el tema principal de la siguiente sección: la pregunta de Judas (14,22) y la respuesta de Jesús (14,23-31).
 

TEXTO
El evangelio de hoy tiene una clara estructura: está enmarcado en una inclusión formada por “amar” y “guardar mis mandamientos” en el versículo inicial (v. 15) y final (v. 21). La sección central tiene dos partes: una centrada en el Espíritu paraclíto (vv. 16-17); otra centrada en la vuelta del Señor (vv. 18-20). Las palabras-guía de todo el texto son “Padre” y “vosotros”. También sobresale la presencia trinitaria de Dios: Padre-Hijo-Espíritu, tan del gusto joaneo, y el tema de la intimidad de la comunidad creyente (“vosotros”) con la Trinidad, cifrada en los verbos recibir, ver, conocer, comprender, estar…; distintas “modalidades” de la vida creyente en profunda relación con Dios.

ELEMENTOS INTERESANTES
• Jesús, ante todo, dice que amarle conlleva observar (“guardar”) sus mandamientos. Si no hay observancia, no hay amor. Esto nos hace pensar en nuestra vida ética, en nuestro comportamiento debido: ¿Es conforme a los mandamientos de Jesús? ¿Cuáles son éstos? ¿Los tenemos puestos en el orden adecuado?
• Primera “promesa” de Jesús: el don del Espíritu Santo por parte del Padre. Ese Espíritu está presentado con dos características: es “el Consolador” y es “el Espíritu de la verdad”, a quien el mundo no ve ni conoce, pero los discípulos sí, porque mora junto a ellos y está dentro de ellos. ¿Sentimos que ese Espíritu “habita” y acompaña nuestra vida? ¿Experimentamos el consuelo de Dios, su asistencia, y lo transmitimos a los demás? ¿Somos personas que viven desde la Verdad y con Verdad?
• Segunda “promesa” de Jesús: su venida, su regreso; los discípulos lo verán y vivirán, porque Él es la resurrección y la vida. ¿Experimentamos, en este tiempo de Pascua, la presencia de Jesús, viva y vivificadora, en nuestra vida? ¿En qué se manifiesta?
• Jesús pronuncia con insistencia un pronombre “vosotros”, sus discípulos de entonces y de hoy. Es un texto muy interpelante, para ofrecernos una relación directa con “el Padre”, con el que mantiene una íntima vinculación de amor, a la que estamos invitados. El Padre es presentado por Jesús como Él que da. El dar es aquí la característica principal de Dios; nos da al Hijo, nos da al Espíritu, nos da su amor. Este amor suyo nos hace pasar de la muerte a la vida, de la tristeza del pecado al gozo de la comunión con Él, de la soledad del odio, a la comunión de amor con los hermanos. La cuestión es comprobar si esta realidad gozosa de Dios la vivimos y la transmitimos así en este tiempo de Resurrección.

Oración para disponer el corazón
Señor y Hermano nuestro Jesús, Tú estás con tu Padre y estás con nosotros cada vez que “nos reunimos en tu nombre”, concédenos:
  • vivir siempre de las Palabras que dirigiste a los tuyos en la última cena,
  • y permanecer siempre pidiendo y esperando tu Espíritu que nos haga amarte a ti, amar a tu Padre, y cumplir tu mandamiento
    de amar a nuestros hermanos los seres humanos.
 
Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.
Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?
Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…
Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?