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18 mayo 2017

Madre de corazón responsable

Palabra de Dios
Lc 2, 51-52: María daba vueltas a todas estas cosas meditándolas en su corazón.
Lc 22, 39-46: Orad para no caer en la tentación.
Texto antológico
“La lectura de las Sagradas Escrituras, hecha bajo el influjo del Espíritu Santo y teniendo presentes las adquisiciones de las ciencias humanas y las variadas situaciones del mundo contemporáneo, llevará a descubrir cómo María puede ser tomada como espejo de las esperanzas de los hombres de nuestro tiempo. De este modo, por poner algún ejemplo, la mujer contemporánea, deseosa de participar con poder de decisión en las elecciones de la comunidad, contemplará con íntima alegría a María, que, puesta a diálogo con Dios, da su consentimiento activo y responsable no a la solución de un problema contingente, sino a la ‘obra de los siglos’, como se ha llamado justamente a la Encarnación del Verbo;
se dará cuenta de que la opción del estado virginal por parte de María, que en el designio de Dios la disponía al misterio de la Encarnación, no fue un acto de cerrarse a algunos de los valores del estado matrimonial, sino que constituyó una opción valiente, llevada a cabo para consagrarse totalmente al amor de Dios; comprobará con gozosa sorpresa que María de Nazaret, aun habiéndose abandonado a la voluntad del Señor, fue algo del todo distinta de una mujer pasivamente remisiva o de religiosidad alienante, antes bien fue mujer que no dudó en proclamar que Dios es vindicador de los humildes y de los oprimidos y derriba de sus, tronos a los poderosos del mundo (cf Lc 1,51-53); reconocerá en María, que ‘sobresale entre los humildes y los pobres del Señor’, una mujer fuerte que conoció la pobreza y el sufrimiento, la huida y el exilio (cf Mt 2,13-23): situaciones todas éstas que no pueden escapar a la atención de quien quiere secundar con espíritu evangélico las energías liberadoras del hombre y de la sociedad, y no se le presentará María como una madre celosamente replegada sobre su propio Hijo divino, sino como mujer que con su acción favoreció la fe de la comunidad apostólica en Cristo (cf Jn 2,1-12) y cuya función maternal se dilató, asumiendo sobre el Calvario dimensiones universales. Son ejemplos. Sin embargo, aparece claro en ellos cómo la figura de la Virgen no defrauda esperanza alguna profunda de los hombres de nuestro tiempo y les ofrece el modelo perfecto del discípulo del Señor: artífice de la ciudad terrena y temporal, pero peregrino diligente hacía la celeste y eterna; promotor de la justicia que libera al oprimido y de la caridad que socorre al necesitado, pero, sobre todo, testigo activo del amor que edifica a Cristo en los corazones”.
Pablo VI, Marialis cultus
Reflexión
María vivió con Jesús en Nazaret, haciendo compañía a Dios, como ama de casa responsable, madre viuda en una sociedad machista. Era un papel difícil. Pero “respondió” bien a la tarea que se le había encomendado. La cercanía de Jesús no le sirvió para excusarse y evadirse, sino para sumergirse más y más en las responsabilidades diarias.
Y en su corazón, nos dice el evangelio, contemplaba todas las cosas miradas desde la preocupación del crecimiento de Jesús, a la luz de la aproximación del Reino, barajando todas las cosas contemplativamente en su corazón.
Su contemplación no fue idealista, evadida, salida de la historia. Meditaba “todas estas cosas”, es decir, la vida diaria, los acontecimientos, las acciones de Dios ocultas en la trama oscura de la vida cotidiana, que son -para quien sabe verdaderas gestas de Dios en la historia a favor de su pueblo.
La oración, la contemplación de María era una oración personal, desde la profundidad personal, desde. el corazón. Y era una oración también “por el Reino”, suspirando y deseando su advenimiento, discerniendo trabajosamente los signos de su llegada en la sencillez de cada día.
Examen
  • ¿”Respondemos” a Dios? ¿Somos responsables ante él?
  • ¿Oramos, contemplamos, “damos vueltas a estas cosas en nuestro corazón”?
  • ¿Oramos, como María, a partir de la historia real, o nos sirve la oración para evadirnos de la historia?
  • ¿Anhelamos, suspiramos por el reino de Dios?
  • ¿Es nuestra oración una oración por el Reino?
Conversión
  • Dedicar más tiempo a nuestra oración personal, si no es suficiente el que le dedicamos.
  • Revisar nuestra oración. Hacerla más encarnada y más contemplativo, más a partir de la historia y más en la perspectiva del Reino.
  • Convertir en oración nuestras acciones y preocupaciones humanas, sociales, políticas, materiales… por el Reino y verificar nuestra oración en compromisos concretos.
Invocación
  • Madre de Jesús, madre de corazón responsable…
  • …haz nuestro corazón semejante al tuyo.
Oración
Dios, Padre nuestro, que en María nos has dado un ejemplo de corazón contemplativo y responsable, hondo en profundidad personal, ancho en compromiso con la historia. Haz nuestro corazón semejante al suyo: grande y fuerte para amar, agradecido al contemplar, encarnado para luchar.
Cantos sugeridos
“Pienso en ti”, de E. V. Mateu, en Madre del pueblo.
“Ruega por nosotros”, de G. Ferrero, en María de Nazaret.